A veces me pregunto dónde y con quién se entretuvo la inspiración, quizá algún mal hábito como la pereza la encandiló. Otras veces pienso que aparqué la creatividad y la imaginación para simplemente crecer y convencerme de que volar es imposible. O tal vez sólo sea que me instalé y acomodé en mi rutina.
Y de ahí la pregunta más importante: ¿por qué fue así?
Cuál fue el momento, maldito momento, en el que pacté con la mediocridad. Siempre creí que mis libros, pensamientos no tan disparatados, mis ansias de conocer, y no mundo sino conocer y ya está, mi facilidad para galopar como Quijote, aunque yo siempre sin Sancho, entre la realidad y la fantasía, alimentaban mi espíritu.
Siempre mimé la cúspide de mi pirámide, toda esa autorrealización de la que hablaba Maslow y blablabla...Veinte años de vida y mi antes pirámide es ahora una mastaba.
Seguiré buscando.
El verano se acaba y con él deberían esfumarse tus besos y caricias por la espalda. El verano cree que es hora de dormir y con él...y con él debería dormir tu recuerdo. Sería cínico por mi parte autoconvencerme y decirme ante el espejo, que éste ha sido un verano como cualquier otro...pues yo muy bien sé que ha sido algo singular y sobre todo, especial. Tan especial como dormir contigo. Pudiste ser tú mi zahir, pude ser yo tu musa, pudimos ser nosotros, ser nosotros en presente y futuro. Qué destino más rencoroso y maníatico. Pues ahora sólo podemos ser nosotros en pasado.
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