Una mañana más, un día lluvioso como es habitual por aquí, las mismas caras serias y el mismo camino a seguir. No llevo paraguas, pues prefiero sentirme viva y que las gotas me golpeen la cara. Sólo es agua.
El mismo vagabundo cuidando de su enfermizo perro, el mismo gato abandonado en su esquina, la misma madre cansada y preocupada lleva a su pequeño al colegio.
"Cada día es igual" pienso y como si el Universo me hubiese escuchado, me regala una sonrisa. Él pasa por delante de mi rutina, me sonríe y se marcha. Así, sin un "hasta mañana" ni siquiera sin haberse presentado. Pero eso sí, recargándome las pilas.
Y entonces es cuando pienso que ahora mismo, el día, ya ha merecido la pena.
El verano se acaba y con él deberían esfumarse tus besos y caricias por la espalda. El verano cree que es hora de dormir y con él...y con él debería dormir tu recuerdo. Sería cínico por mi parte autoconvencerme y decirme ante el espejo, que éste ha sido un verano como cualquier otro...pues yo muy bien sé que ha sido algo singular y sobre todo, especial. Tan especial como dormir contigo. Pudiste ser tú mi zahir, pude ser yo tu musa, pudimos ser nosotros, ser nosotros en presente y futuro. Qué destino más rencoroso y maníatico. Pues ahora sólo podemos ser nosotros en pasado.
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