Una mañana más, un día lluvioso como es habitual por aquí, las mismas caras serias y el mismo camino a seguir. No llevo paraguas, pues prefiero sentirme viva y que las gotas me golpeen la cara. Sólo es agua.
El mismo vagabundo cuidando de su enfermizo perro, el mismo gato abandonado en su esquina, la misma madre cansada y preocupada lleva a su pequeño al colegio.
"Cada día es igual" pienso y como si el Universo me hubiese escuchado, me regala una sonrisa. Él pasa por delante de mi rutina, me sonríe y se marcha. Así, sin un "hasta mañana" ni siquiera sin haberse presentado. Pero eso sí, recargándome las pilas.
Y entonces es cuando pienso que ahora mismo, el día, ya ha merecido la pena.
Las cosas me iban bien hasta que inesperadamente llegaste tú. Un día cualquiera en el que no tenía mucho que hacer, apareciste. Gracias a las redes sociales nos conocimos. Debo decirte que al principio no me llamaste la atención, aunque la gente me decía que eras de mi mismo pueblo y te comentaban cosas de mi, no te di mayor importancia. No tenía intención de conocerte, ni siquiera quería que supieras de mi vida, pero las cosas fueron a más. Y claro, comencé a contarte mis pensamientos, cosas de mi vida y en ese momento fue cuando comenzó todo. Aunque seguía con la idea de que solamente seríamos amigos, me empezaste a enganchar. Hablábamos hasta altas horas de la madrugada. Me sentía bien hablando contigo, por eso luego yo te iba buscando para estar mas cerca de ti. Nos hacíamos reír mutuamente, tanto que aun recuerdo una noche en la que hicimos tonterías, una tras otra. Siéndote sincera, me encantó aquella noche y sé que aunque hayan cambiado las cosas...e...
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