Quieta, inmóvil, sentada en cualquier banco sucio de la ciudad. La lluvia rabiosa empapaba cada uno de mis pensamientos. Mirando a ninguna parte , pensando en cómo ordenar mi vida, nuevamente. Intentando parar mi tiempo por un momento, simplemente. Dejé que las dulces gotas de agua hicieran, lentamente, el amor con mi cansada alma. Mientras tanto, en mis cascos, la música me golpeaba a traición el corazón. Cada nota recorría cada célula de mi organismo, retumbando allí por donde pasaba. En ese momento todo valía, no había normas, ni sentimientos inoportunos. Era como un ser inerte. A ratos se me olvidaba respirar. Mi alrededor era borroso, la gente se movía rápido y el mundo no paraba. Sus miradas flaqueaban, estaban a punto de romperse. Queriendo salir de mi cuerpo, volé. Volé tan alto que ni siquiera podía escuchar mis miedos. Estaba más sola que nunca y nadie podía juzgarme. Levité, mi ser flotaba por el aire, como si no pesase. Libre de temores, de a...
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